Lo de esta chiquilla es más que genial. Ingresada por un accidente mientras se rasuraba entre las piernas, su mayor ambición de hospitalizada es que sus padres, divorciados, vuelvan a casa juntos para darse un revolcón que perdure.
Pero mientras pasa por todos los malos tragos de una cirugía anal, matará el aburrimiento describiendo, con pelos y señales, todo cuanto suele hacer con sus dedos, hurgándose el trasero, los labios vaginales, y el cuerpo todo. Es como astronauta que abre la escotilla durante su período de dopaje postoperatorio, para hacer público desde sus pensamientos, las acciones con que nos entretenemos en las partes que más celosamente guardamos de los demás.
Hacía mucho que no me reía una página sí y la otra también. La ocurrencia con que fluyen las anécdotas se entrecruzan con el presente hospitalario, donde Helen quiere que el enfermero majete le fotografíe en su geografía del anverso, es decir, quiere un reporte visual del culo operado. El chico vivirá esos días entre escapándosele y erectando.
Escritora novel, Charlotte Roche consigue enganchar no sólo por las chapuzas que piensa y que ejecuta, como el conservar semillas de aguacate que empolla en sus entrañas o comerse todas sus secreciones. El atractivo de la novela reside en que hace lícito lo que aún sigue siendo indecible, con la mayor de las naturalidades, y la más sencilla y mimada de las prosas.
Aparte de inventario sexual, de ser un ‘camasutra’, Zonas húmedas es una catarata de ingenio.
Zonas húmedas (Feuchtgebiete)
Barcelona, Anagrama, 2009
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