Me encantaría haber estado en el preciso momento del altercado del senador Casimiro Curbelo cuando se enfrentó a los maderos en un reservado con chicas en Madrid. Cuando Camps se prueba sonriente los trajes, regalitos de los amigos, o la Barberá sus bolsos de pedigree. O cuando pillan mis compis de la prensa rosa a Laporta en sus devaneos, cosa que ocurre con cierta frecuencia. Cada vez que voy a una oficina pública y me recibe con cara de monja engarrotada la fulanita a quien le pago con mis impuestos de hacienda, quisiera estar alerta, grabarle el careto de bulldog. O cuando intento encontrar esas ratoneras encristaladas de atención al cliente, todas fantasmales, de empresas tiburonas como Vodafone o Gas Natural (que alguien me diga quién le pone cara a estos “proveedores” de un derecho natural – el agua, la luz, el gas, la comunicación- cuando quieres reclamar una factura…)
Por ello, envidio rabiosamente al maestro Francesc Català-Roca. Él supo llegar, estar y guardar el momento preciso de la acción, con un cachivache de su época, pero que muchos quisiéramos el mismo resultado con todas las facilidades que la tecnología de hoy nos propicia. Aunque llevemos el último aparejo de Silicon Valley en el bolsillo, siempre nos sale una chapuza.

Desde ayer La Pedrera, a nombre de la Obra Social de CatalunyaCaixa, exhibe un recorrido ahora folclórico, ahora urbano, por su obra. Es el autor de la imagen que se ha inmortalizado en la edición príncipe de La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. Esa bella postal con dos personajes a los que se ve emerger, como en un fotograma espléndido, cuando se sabía hacer buen cine.

De muchas otras también. Aunque la recopilación que ha hecho el comisario Chema Conesa es exhaustiva, a nosotros nos valen más las escenas urbanas, Barcelona y Madrid. Hay mucho ambiente bucólico, mucho folclor también. O arquitecturas. Geniales. Pero que nos dejen con el preciso instante en que el maestro atrapó a alguien in fraganti; los miles de rostros esperando con la vista hacia arriba, el resultado de El Gordo; el poli jinete que pasa por un sublime póster con un niño de compota; los dos perros que desafían el peinado de sus encopetadas poseedoras.


Dos apostillas que pasan de curiosas. Se cuenta en la familia que cuando los hijos querían dedicarse a la profesión del abuelo, que heredó Francesc, éste les respondió que para ser fotógrafos comenzaran la faena cogiendo una escoba y una pala. Se requiere un trayecto de Sísifo.
La otra, cuando preguntamos a su hijo Martí qué ciudades figuraban entre las favoritas de su padre, nos responde: “Cualquier ciudad. De hecho, la foto que sirvió de portada a La Sombra del Viento, aunque sea una novela referida a Barcelona, la tomó en Madrid”.
Quién fuera Català-Roca cuando nos entra el desespero y la mala leche. Para estar ahí. Quién llevara su cámara…

Català-Roca
La Pedrera
Hasta el 25 de septiembre
Passeig de Gràcia 92, Barcelona
Entrada libre
Tags: Carlos Ruiz Zafón, Casimiro Curbelo, Català-Roca, Chema Conesa, Francesc Català-Roca, La Pedrera, La sombra del viento, Laporta, Obra social de Catalunya Caixa, Silicon Valley

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