Christoph Kirsch: el chaval por dentro

De ser cierto que la publicidad televisiva es reflejo de la realidad a la que ésta bombardea, los adultos la tenemos mal. Según como se mire, todos los anuncios sirven para que nos alejemos más de los libros, del buen cine, y nos convirtamos en los apacibles corderitos que jugamos con la wii o el nintendo, en escaramuzas que nos hacen más dóciles. Quizá más idiotas.

Si revisamos el fenómeno al revés, puede que en la literatura infantil encontremos alguna esperanza. Aún están los padres, tíos o amigos que compran a los chavalines eso que a la larga se ha ido convirtiendo en los cactus que pueblan cualquier territorio de dinosaurios: los libros.

Christoph Kirsch, ilustrador germano-holandés residente en Barcelona, abre las puertas de su estudio a estos cotillas, para que quizás desvelemos por qué él y muchos artistas más continúan empeñados en que los peques sigan teniendo sus mejores secretos en las entrañas de papel.

¿Cómo comenzó en serio tu desplazamiento por el mundo de la ilustración?
He estado en la Academia de Bellas Artes de Groningen, Holanda, pero mientras estudiaba estaba trabajando para editoriales educativas en la ilustración de libros y textos, que es lo que sigo haciendo hasta hoy.

Has tenido referencias universales para desarrollar tu carrera. ¿A quiénes recuerdas en tu vida como consumidor de imágenes?
Siempre hay cosas que ves, y que te gustan, que te aportan alguna idea o te enseñan el camino. Un alemán, Wolf Erlbruch, que es fantástico, y una holandesa, clásica allí, que es Fiep Westendorp. Han sido importantes porque te enseñan lo que les ha sido posible, te amplían la vista, pero no en el sentido de que quieras copiarlos o imitarlos. Lo que los ha hecho únicos a ellos es que tienen un estilo que es muy reconocible.

Tienes una forma de dibujar magistral. Pero, frente a la invasión de imágenes futuristas en que vivimos, de videojuegos, de ‘avatar’, ¿crees que sobreviva la ilustración tradicional, la que haces tú?
Sí, segurísimo. Sobre todo, porque los niños seguirán leyendo. Los libros son la base de todo. Aunque hay otros medios ahora, el libro no desaparecerá. Y los infantiles menos. Recuerdo, por ejemplo, todos los libros que leí siendo niño: te dejan una impresión para toda la vida. No me imagino un mundo donde imperen otros medios que reemplacen a los libros infantiles.

Pasa también que los adultos, que están a la búsqueda de mundos perdidos, pueden disfrutar, degustar estos dibujos, como si fueran niños.
Sí, es verdad. Además no hay que olvidar que son los adultos los que compran los libros. Son los que eligen. No lo tienes en cuenta cuando haces los dibujos, pero es una realidad. No sé si mis dibujos llegan a ser un éxito porque le gusten a los niños, o porque hayan llamado la atención de los adultos. No lo sé.

¿Te has planteado alguna vez focalizar tu obra a los adultos, a hacer algo más canalla?
Mi trabajo es ésto. No tengo planes de cambiarlo. Pero, quién sabe si en el futuro… Bueno, hago ilustraciones para adultos, en una revista holandesa de gerencia y consultoría. Allí uso una técnica diferente, más de collage, con trozos de fotos. Me gusta mucho hacerlo, porque es algo distinto. Pasan otras cosas que no puedes expresar en los libros infantiles.

¿Te interesa la publicidad?
Hasta ahora no ha sido un tema. No lo estoy buscando, y la publicidad tampoco me ha buscado a mí. No lo descarto; puede ser interesante.

¿Siempre en color o alguna vez trabajas en blanco y negro?
Eso no lo decido yo. Es una propuesta del editor. Depende de lo que quiera y del presupuesto. Si es un libro con un presupuesto muy limitado te piden dibujos en blanco y negro, simplemente porque es más barato. Artísticamente influye mucho, pero el ilustrador de libros escasamente tiene la posibilidad de elegir.

¿Eres un niño adulto o un adulto niño?
Pues… un adulto niño.

¿Qué estás haciendo ahora?
Trabajo en España, Holanda y Alemania. Ahora mismo estoy haciendo un libro de aprendizaje del inglés a través de canciones, para niños alemanes, a nivel de ilustración. Hay una gran diferencia con el cómic, por ejemplo. A finales de los ’90, a raíz del bicentenario de Goethe, hice un cómic sobre la vida del poeta. Pero no me satisfizo mucho, ya que el cómic tiene más que ver con el cine. La ilustración puede representar en un momento toda la historia; el cómic lo piensas más como una película, en secuencias. Yo soy más ilustrador. Me quedará tiempo además para un libro que quiero hacer con el escritor belga Dirk Nielandt.

Retrato de Christoph Kirsch: Natasja Grant

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