Conceptos, trazos, costuras: Txell Miras

Uno de los terrores confesos de cualquier diseñador de moda es la parte técnica, la que corresponde al patronaje, a medidas, a cortar y coser. Es más reconfortante el boceto, la ilusión polícroma en papel o en la pantalla de lo que será la Pieza. Por supuesto, más aún los resultados: las prendas de la colección, el desfile, el escaparate, el click-click de la caja donde terminamos comprando aquello que nos gustó.

Con Txell Miras, sin embargo, ocurre otro fenómeno. Viene de las Bellas Artes: sabe con precisión de perspectivas, de sección áurea, difuminato. Quizás también del escorzo, aunque en las pasarelas se aplica menos -las figuras que se pasean, fantasmagóricas, suelen ser verticales, erectas, demasiado ortopédicas para hacer flexiones-.

Artista integral, exploradora de bosques tupidos como la cinematografía y todo lo que sea visual, nos trae siempre sorpresas en lo que a paradojas se refiere: lo simple y complejo, lo monocromo y lo intenso, la forma y la desestructuración.

Sabe banquetearse con la elegancia y lo minimal, los sabores de lo geométrico puro y las ironías. Buzos, murciélagos, seres en cuadratura brutal, ambigüedades. Ahora nos ha dejado, sobre la alfombra del 080 Barcelona, la posibilidad de saber cómo ha de sumergirse una mujer osada en el mundo de las tinieblas, lo subterráneo.

¿Qué adjetivos asocias al universo de Txell Miras?
Una currante y una apasionada en el mundo de la moda, que tiene libertad creativa en lo que hace, pero siempre con los pies en la tierra. Mi estilo es muy oscuro, y trabajo siempre con tejidos que tengan una cierta calidad -lanas, algodones-. Sobria, pero siempre con algún detalle que me descubre, jugando con volúmenes, con el patronaje.

¿Qué fue este desfile?
Pues ha sido un desfile muy oscuro, donde las modelos casi que no se ven, y llevan unas linternas de minero en la cabeza. La colección se titula Fundido a negro, y dentro del fundido está tu propia luz, tu propio mundo. Es una frase de un libro de Burroughs. Es un poco un estado mental.

¿A nivel de confección, de volúmenes, cómo la proyectaste?
Es una colección que no se caracteriza tanto por el volumen como en otras anteriores. Es más sobria, pero creo que se combina mucho lo que son los niveles de capas. Piezas más cortas encima de piezas más largas. Un papel importante lo tiene la viscosa, que tiene una caída; los drapeados, los movimientos de las piezas al caminar. En esta colección he hecho más hincapié en eso que no en crear volúmenes más estáticos.

¿Te gusta complicarte la vida con tanto concepto en tus diseños?
Yo creo que sí; demasiado, aunque me arrepiento luego. Lo que pasa es que uno va aprendiendo a ser cada vez más pragmático también, y a no estancarte ni quedarte colapsado. A saber salir. El tiempo corre, y en moda todavía más. Cada 6 meses hay una colección nueva. Aprendes a que las cosas fluyan con más rapidez.

En moda, como en todo, hay ruptura por parte de los diseñadores con el legado que ya existe, históricamente. Pero, ¿sientes filia por algún diseñador, un gurú?
Gurú no, pero sí que respeto y me encantan a quienes descubrí cuando empecé: Martin Margiela, Comme des Garçons, y ahora mismo me encanta el trabajo de Haider Ackermann o de Nicolas Ghesquière. Son los que están marcando la pauta.

Para quienes estén en otras regiones de España o fuera de ella, ¿cómo pueden hacerse de una prenda tuya?
Vendemos en distintas partes del mundo, aunque depende mucho del representante. Ahora tenemos uno en California, que nos ha vendido a varias tiendas de Los Ángeles. En la web puedes saber los puntos de venta. Hay gente que en su país no tiene representación de mi marca. Nos escriben un email y podemos hacer algo para hacerle llegar lo que desean. Pero es complicado, sobre todo por las tallas.

¿Cómo ves el panorama de la moda aquí?
Está complicado. Hay buenas intenciones, nuevas generaciones que están apretando fuerte, pero no tenemos la tradición de cultura de moda como en Italia o en Francia. La crisis económica muy grande, con China avanzando muchísimo, por lo que cada vez queda menos espacio para los que aquí están haciendo sus propias colecciones. Están quedando los 2 extremos: el glamour con las grandes firmas  francesas o italianas y el producto de las transnacionales tipo Zara o Mango, que tienen su mérito. Ojalá yo hubiera creado Zara.

Lo nuestro son miguitas de pan dentro del gran mercado y de la competencia brutal. Algo más personal. Hay gente con talento en todas partes, y poca encuentra su sitio en el mercado para vivir de ello. Nosotros estamos encontrando nuestro lugar, pero es duro.

Para tí que viajas constantemente, ¿es Barcelona una ciudad trendy?
Sí, pero para la moda no lo sé. Pero en diseño en general, sí. Es un buen laboratorio. Pero como el mundo de la moda es tan cerrado y mueve tanto dinero, los que lo tienen lo han atado bien para que no se escape de los lugares donde funciona. Tenemos complicado hacer de Barcelona una capital de la moda. Pero lo tenemos que intentar, ¿no?

www.txellmiras.eu

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