De acosos escolares, tiburones de empresa y femmes fatales


No hay que ser un planeta editorial, ni estar en la meca de los libros en castellano, Barcelona, para sacar a la luz pública a muchos de los buenos narradores de España. Reconozco mi ignorancia cuando tropecé con este par de títulos publicados por la editorial de Murcia, Tres Fronteras. Ambas novelas se leen de un sorbo; las dos te agarran por el cuello como pudiera pasarles a todo el enjambre de personajes que por ellas desfilan.

El hecho de que estos libros compartan una carátula negra y absorbente, con diseños que inquietan y te ponen en vilo, no es fortuito. La maldad recorre las páginas tanto de Las grietas del infierno, de Rubén Castillo, como las de Ojos de fuego, de Antonio Parra Sanz. Maldad dosificada con mano sabia, sin irritar ni llegar al escándalo. Para que los leas tranquilamente mientras te recorre un sudor vaporoso por detrás de las orejas, y llegas a asquearte del poder, la rivalidad, la indecencia, la envidia, el cotorreo, y un sinfín de males que están retratados con eficacia de quien sabe moverse por un teclado, repartiendo eventos y personajes de carne y hueso sometidos al azar.

El sistema narrativo escogido por Castillo para contarnos las coordenadas que se confabulan contra el profesor Pablo es archivesco. Todos hablando en primera persona del docente imputado de acosar a su alumna Sonia. Declaraciones grabadas, cartas del extranjero, confesiones con toses nerviosas, testimonios perversos de colegas abominables (siempre habrá trepas, pelotas, babosos y babosas de espuma verde aunque invisible, reptando hacia los jefes -casi siempre miopes de sus intenciones- y llevándose por delante a quien sea, con tal de quedar bien y mantener el puestecillo, o más…). Sin colofón: tras hurgar en los hechos subjetivos que cada quien ofrece, el lector habrá de decidir quién es el culpable.

Parra Sanz, nos zambulle en un Madrid que lleva y trae al detective Sergio Gomes, tras la belleza de una fulana rica y la depravada desfachatez de un primo de ésta, a la cabeza de una compañía de móviles de los que se ha descubierto que causan perjuicios a la salud. El descubrimiento, con el que arranca la historia, se lleva varias cabezas, entre ellas, la del japo, que era el ingeniero jefe.

Ha sido la primera, pero no la única ocasión en que hablemos de esta casa editorial. De seguir así, al menos en el campo de la ficción, terminará imponiéndose en el panorama de las grandes y consolidadas. Planetarias.

Las grietas del infierno
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Ojos de fuego
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