
Aunque nunca ha caducado la moda de lanzar cosas a los seguidores, incluidos políticos con promesas marchitas, recién casados y los kilos de arroz que no terminarán de comerse juntos, o las stippers con sus braguitas, este diciembre llegaba a manos de Paco, el batería de la banda D.A.O., una denuncia presentada por una asistente a su concierto, dentro del Festival de Música Grande de Santander.
La ciudadana en cuestión recibió un golpe leve con la baqueta lanzada a un público efervescente de 6000 integrantes. La pregunta es complicada: ¿debería ponerse una cortina transparente y blindada entre el escenario y los asistentes, o es mejor que vayamos con cascos antimotines si nos ubicamos cerca de los artistas?
Por si acaso, yo apagué para siempre la tele, y así evito que cualquier barbaridad que salga disparada de la boca de los politicuchos de turno acabe por destrozar mi tambaleante paciencia.

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