
Cuando te aventuras a coger un respiro por las noches en un bareto, de un respiro no justamente sano hablamos (humo, sudores, barahunda, follón), y tienes que regresarte a casa por las calles que mojan los humildes trabajadores que limpian la ciudad, muchas veces tropiezas con los miles de pies que tienen las máquinas que friegan las aceras, esos insectos macroscópicos. Como si no fuera suficiente no haber ligado, y además haber tenido que oir la cháchara a un tío que cuenta con detalles la historia de su sed.
Lo mejor es tener un coche, o si no, una bicicleta. En medio, el lujo de una moto. Independiente, ágil, sorteadora de todos y todo. Incluso de los ciempiés ronroneantes con que bautizan las calles cada noche los del ayuntamiento. Pues vino una alianza salvadora y coincidente, hablando de una noche en la que lo que más deseas es escapar a casa. Helmetdress, el fabricante de fundas de cascos hechos de lycra y poliéster, junto a la cervecera Moritz, ha decidido crear una edición especial para los que aman el diseño y odian el mainstream.
La estructura seguirá siendo la dureza y ergonomía de la funda, pero con la evolución iconográfica que ha tenido el logotipo de la birra catalana, la más cool de toda Catalunya.
No sé cómo me las arreglaré. Porque me encanta la moto y proteger la chola y el cogote, pero también zamparme unas cuantas Moritz. Por si, me llevo el casco, de figurín. Dando tumbos cojo un taxi, o me voy tropezando con los mil pies de las lavadoras de calles y callejones.
25-30 EUR
Tags: Helmetdress, Moritz

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