
Me corto el cerebro en 2 y pienso: ¿si el mundo fuera en blanco y negro? Mi masa encefálica, como una calabaza podrida, pudiera atreverse a decir: en el blanco está la paz, la nulidad, el vacío, la espuma. Sin embargo, cuando quiere definir al negro, esa ausencia de luz, se cabrea y piensa en los pésimos operadores de la compañía de mi móvil que me tienen incomunicado; en la hora de pagar las facturas y que aún no tengas depositada tu mensualidad; en las mentiras de tu ex cuando te dejó en la calle diciendo que lo hacía porque pasaba por un momento filosófico de profilaxis, cuando estás convencido que se revolcaba con un amante.

Para el milanés Fabio Marras, el blanco y negro es parte fundamental de su expresión plástica. Tenemos un encuentro dominical en una plaza de Gràcia, cuyo contexto no puede ser más fílmico: ruidos de los chavales que se pasan el porro, los mil y un perros que los yayos sacan a mear, camareros montando y recogiendo mesas.
¿Cuál fue el inicio, Fabio?
Siempre he dibujado. Mi gran pasión de siempre, de hacer cosas parecidas, es el cómic. En el grabado, en la xilografía, me ha influido mucho el blanco y negro. Aunque en los inicios me propuse hacer cómics, las cosas se han desarrollado de forma diferente. Soy ilustrador. Comencé en revistas y periódicos de Italia, pero sin dejar la referencia continua de la imagen con la línea continua, fuerte, marcada, y el blanco y negro. Después de unos años de trabajo descubrí algo que me encantó: el mundo de la impresión, de la estampación, grabar, pasar la tinta por la matriz. No sólo la idea, sino el aspecto artesanal.

¿Tratas de atrapar una historia en tus grabados, como hace el cómic cuando nos cuenta algo?
Sí, son como fragmentos de una narración. En mi trabajo se puede ver un eje, un momento, cómo éste se congela. Me apasiona el paisaje urbano, donde calles y edificios son los personajes. Voy contando la historia de estas casas que hablan de una ciudad.
¿Definitivamente, el blanco y negro es más importante que el color?
En el blanco y negro yo veo color. Hay una condensación cromática. Ahí está todo el color. Para hacer una cita culta de Picasso, no es la cantidad de color, sino cómo lo pones. En blanco y negro con, por ejemplo, un rojo, una imagen puede ser más rica que una explosión de flores. Creo que todos los que trabajan el blanco y negro en realidad aman mucho el color. Es como una contradicción.

La música ocupa un papel especial en tu obra.
Claro. La música te acompaña cuando dibujas, te ayuda el tipo de composición que escojas. En los últimos años me gusta mucho el jazz. Quizás porque tiene ese tono muy noir, de la noche. Los grandes jazzistas han sido negros también. Afroamericanos que han dictado la dirección de la música moderna. Los ambientes donde se desarrolla la música son de colores oscuros. No lo veo triste; lo veo con mucha alegría.
Antes hablaste de Picasso. Pero si tuvieras que mencionar a otros, ¿con cuáles te quedarías?
Es difícil, pues te puedo mencionar gente, y desconocer a otros que puedan ser mejores o gustarme más. Me quedo con el suizo Thomas Ott, el americano Edward Hopper, los expresionistas Emil Nolde, Edvard Munch y Otto Dix.
Por último, las razones que te llevan en lo inmediato a Dinamarca y a Milán…
En Dinamarca haré una residencia artística donde trabajaré en un laboratorio de grabado, impartiendo clases donde estarán artistas extranjeros durante mes y medio. En Milán es un buen contacto para exponer en una zona muy céntrica, la Piazza Sant’Ambrogio, en una galería muy prestigiosa. Les gustó mucho mi trabajo, a pesar de que hago más ilustración que el tipo de arte que están acostumbrados a exponer.
Tags: Edvard Munch, Edward Hopper, Emil Nolde, Fabio Marras, Otto Dix, Thomas Ott

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