
Leer un libro de cocina es un suicidio, una aberración. Por lo general, la acción de devorarlo nos atrapa en el metro, el tren, la espera del psiquiatra, la habitación. Todos los espacios, menos el indicado para protagonizar una buena comilona. Mires por donde lo mires, es una canallada.
Si el escritor del documento es Jay Rayner, periodista y escritor curtido (no precisamente en salmuera como si hubiera llevado una vida de pepino infame), entonces todo cambia. Leer de comidas se vuelve de súbito un divertimento: espiar con un morbo tremendo en un thriller. Eso es lo que permite Tusquets, que acaba de sacar a la venta El hombre que se comió el mundo, road movie a la caza del menú perfecto.
Rayner, excronista de sucesos, tiene pezuñas de pantera, no sólo para ir desgarrando entrañas en los platos que le ponen delante, sino para hacernos copartícipes de los contextos en que se los sirven. Su idea original era ir a la búsqueda, en las ciudades más gastronómicas del mundo, de los mejores restaurantes. Pero el tiro le salió por la culata, para bien: es un reportaje intenso geográficamente, de Las Vegas hasta Dubai, de Moscú a Tokio, sin faltar un guiño a El Bulli.
Si, como a mí, te va el comer exigente, y al diablo con las costumbres sanas, éste es tu libro. Ojo: no es sólo para un parásito como yo, que aprecia todo lo bueno, pero que no sé freír un huevo, no. Debería ser lectura obligada de tanto fanfarrón que, con dos pesetas monta un chiringuito y quiere zamparse lo poco que se mueve en tus bolsillos. Ellos, que se hacen llamar restauradores, y nosotros que les pagamos. Para que, siguiendo la dialéctica del atracón, no nos pasen gato por liebre.
Además de invertir un rato estupendo junto al autor. Mientras él espera estudiar a fondo la restauración en Las Vegas, por ejemplo, como es un granuja, nos advierte que su primer viaje allí, como periodista de sucesos, fue para averiguar qué era de la vida de un hombre al que su mujer le cortó el miembro. Afortunadamente, el-salchichón-mutilado-en-salsa-de-arándanos no se puso de moda en los sitios de buen comer de la región.
Jay Rayner, El hombre que se comió el mundo. En busca del menú perfecto
(The Man Who Ate the World. In Search of the Perfect Dinner)
Barcelona, Tusquets Editores, junio de 2011
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