
Para que mi hipocondría siga de fiesta, coincidí en la primavera de este año con el brote epidémico de los pepinos en Hamburgo. Plantao en mi asiento, feliz mientras comía ingenuo en uno de esos baretos asiáticos mixtos, que se hacen llamar viet-thai-japo-sinos, y a los dos días el notición terrorífico de la hortaliza. Pero nada. Después de la cuarentena, me he pasado a otros padecimientos que entretengan mi aburrimiento. Desde hemorroides, a cáncer de lengua.
Lejana ya la alarma provocada por la cucurbitácea, que hizo temblar más que a las autoridades sanitarias, a las cuentas corrientes de los cultivadores españoles, decidimos asistir al convite de Hendrick’s en Elephant Club en Barcelona. Teníamos la firme resolución de que nuestros gines nos los sirviesen sin la aterradora rodajita verdiblanca. Eso fue a la primera. A partir de ahí, mandamos de paseo los miedos, y las moneditas que nos dieron a la entrada comenzaron a agotarse, una tras otra, a una velocidad de crucero. Y con pepino incluido.

Hocus Pocus, Unusual Circus, es de esos eventos que no puedes perderte. Sobre todo, si eres de los que amas los looks atrevidos que usaron los abuelos de los abuelos de nuestros abuelos. Con mujer barbuda, pitonisas, saltimbanquis, tambores.

A los organizadores, que no se les suba el pepino hasta el fondo de los sombreros de copa, e impidan la entrada a los polizones: esos tíos con camiseta y pescadores, y las chiquillas despistadas con minis y tetas al aire. No: que vengan la próxima como la Sociedad exige. Esto no es un circo.





Imágenes: Paco Villalta
Tags: Elephant Club Barcelona, gintonic, Hendrick's, Hocus Pocus Unusual Circus, Paco Villalta, pepino

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