Izakaya: un japo diferente

El término “tapa” ya ha dejado de ser sólo de uso en lengua castellana. Como otros tantos, la comida de aquí se ha ido arraigando por donde vayas. Por muy lejos que vayas.

Pero si a unas tapas le unes el rito de la reunión, tras las angustias de los teléfonos y los emails en la oficina, y asumes que un restaurant japonés las puede ofrecer, reverencia de 90 grados.

Estuvimos cenando en Izakaya, un nuevo bar-restaurant de la calle Aragó, que han fundado 2 hermanos que se fueron a hacer de Marco Polo a aquel archipiélago de cultura y costumbres tan distintas a las mediterráneas. A su regreso, uno de ellos, Cristian, que se había movido por entre varias cocinas niponas, decidió hacerse cargo de los fogones. El otro, Lino, más de relaciones públicas, es quien lleva el rol de maître.

En un espacio ingeniosamente bien aprovechado, de pocas mesas que invitan a la conversación moderada, degustamos lo que con ojos cerrados y no aceitunados, recomiendo.

Para comenzar, un platillo de edamame (vainitas de soja que equivaldrían a nuestras olivas). Pero el verdadero espectáculo sensorial comienza con una especie de pizza que allí llaman okonomiyaki, que consta de lasquitas de carne de atún seca y ahumada, y a la que mis anfitriones dan un toque lugareño que parece estar vivo, pues son pequeños y sabrosos bracitos que se mueven por el calor de la plancha. Dentro, pulpo, gambitas y vegetales.

Si de seguir pidiendo se trata, para acompañar el sake o la cerveza Kirin Ichiban, entramos de lleno en lo sofisticado y que es autoría del chef de la casa: una butifarra de tartar tibio de ventresca de atún rojo, envuelta en piel de algas. Si eres alérgico a lo marino, entonces para tí será el tataki de buey con “trinxat” de pak choy (esa especie de acelga o col asiática) y daikon o rábano. Que no escatiman los chicos con sus creaciones.

El café o último chupito debe, obligatoriamente, estar alrededor de uno de estos dos postres, si ambos, mejor: o el mousse de chocolate blanco, mango y polvo de té verde, o los ochiai o trufas de té, sake y chocolate.

Izakaya es como llaman en Japón a los establecimientos para beber y picar algo después del curro. En el de Barcelona, además de los precios, el ambiente con música a tono y sin voceríos, podrás seducir a la pareja de tus sueños abajo, y en la planta alta, dispuesta como un salón más tranquilo, a tus clientes.

Cierro las puertas del restaurante por hoy, confesando el precio promedio de todo esto, que además, puedes compartir (magia de la comida japo, que llena cualquier estómago): menos de 25 pavos. Sin ir tan lejos.

Izakaya
Aragó 207, Barcelona
Tlf: 93 454 2550

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