De que la moda es un acto de inteligencia no tenemos la menor duda. Enredada en la telaraña del mercado, apenas queda tiempo para corroborar de que es así. Musical, literaria, sublime, espiritual, inmisericorde, granuja, vil. Es una sinfonía bárbara para que alucinemos. Pero tiene que ser coherente: todos los instrumentos tienen que estar afinados, y ser magistralmente ejecutados.
Nos vienen estas sandeces a la cabeza repasando la trayectoria del galaico-catalán Manuel Bolaño. Sus propuestas suelen agolpar en el front row, en las gradas, en el podium de prensa, a cientos. Quizás miles. Ha sido catalogado como maestro de los volúmenes, inspirado en una legendaria mitología y submundo que lleva genéticamente.
A pesar de que sobren los codazos para hacernos lugar en sus desfiles, Bolaño merece nuestro aguante, sofocones y que nos dejen sin uñas en los pies, en la antesala de que el soundtrack haga play y se prendan las luces. Huelga aclarar que, en el caso de la moda, la de verdad, existe la atemporalidad. Es su caso. Nuestro adjetivo frente a las anteriores colecciones y a su último desfile en la 080 Barcelona, nunca mejor dicho, es la stravaganza.
Puede que temamos lo peor, cuando habla de “Ensayo para una despedida”. Manuel ha dejado caer en más de una ocasión que le gustaría cruzar los mares. No es la primera vez que hace maletas. Que suenen los oídos de quienes mueven recursos y permiten la fuga de talentos.
¿Qué has presentado?
Ensayo para una despedida es la última parte de una trilogía, toda sobre mi infancia, y ésta trata todo el capítulo de mi marcha de Barcelona a Galicia con 3 años. Es como si fuese una pesadilla infantil, que te metes en un bosque, oyes ruidos y piensas que son brujas o ves restos de animales. Al final, despiertas.
Corrígeme: ¿la música era de Bauhaus?
Bueno, de Tulsadoom y de Bauhaus.
Y había un espíritu Dietrich por ahí…
No, era la canción.
Pero ¿no en la colección? Me llegó el espíritu del cabaret berlinés de la Dietrich
No. Era como los caballeros del siglo XIX, que llevan máscaras y otros atuendos. Las siluetas de las brujas hacia arriba, con las sombras de los árboles por las noches, que las hacen más alargadas. Es como estilizar más el cuerpo de la mujer.
Un diseñador imprescindible, sin el cual no existiera la moda
Hay muchos. Me gusta Margiela, McQueen, Viktor & Rolf, Boudicca. Es que de todos se aprende.
¿Cómo quieres que se te catalogue en un directorio de diseñadores jóvenes españoles?
Es muy complicado… Barroco, no sé… Sí, un barroco.
¿Un barroco prêt-à-porter?
Ni un prêt-à-porter ni alta costura. Es como un prèt-a-couture. Ni uno ni otro.
¿Vas hacia ese estilo?
Sí, me acerco más a la alta costura, pero me quedo ahí en el medio. No quiero hacer algo tan artesanal, pero tampoco tan prêt-à-porter como algunas otras firmas.



Tags: 080 Barcelona, Bauhaus, Boudicca, Dietrich, Ensayo para una despedida, Manuel Bolaño, Margiela, McQueen, prêt-à-couture, Tulsadoom, Viktor & Rolf

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