Mejor sin botox: pídelo con…

Jóvenes y viejos en las plazas de toda España, protestando; Galliano, con esa ambigüedad despampanante que lo llevó de ser el ‘enfant terrible’ de la alta costura al indigente facha que ayer han sentado en el banquillo; turbios y parkinsonianos políticos que ganan como pescadores en río revuelto, y no se van aunque el pueblo se desgañite diciéndoles que no los quiere.

Siempre nos mezclaremos. Para ir de listillos y explicando que pusimos el culo en una barcaza con que atravesar Vietnam o Camboya, chinitos a bordo incluidos. O iremos de  guays pues nos metimos en un tugurio de mariquitas a tomar unas copas: openminds.  O nos apuntamos a un curso de salsa y seguimos con la cintura de hormigón, ni pa’lante ni pa’trás. En la mezcla, en el mejunje, está la riqueza.

Por eso, y aunque según nuestro olfato el tiempo de gloria del gintonic se verá superado en breve, posamos la atención en algunos mixers que la mejor coctelería nos permite degustar:

Fever Tree

El árbol de la fiebre. El que cura la malaria. La quinina. Proyecto filosófico y personal de Charles Rolls y Tim Warrillow. Ir a las raíces; a un pequeño campo de plantaciones entre el Congo y Ruanda, que nos permite un sabor de boca singular, en varias presentaciones. Además de la Tonic Water, pide tu copa con Mediterranean (aceites de limón de Sicilia, flores y frutos); con Indian (naranjas de Tanzania); o mejor, con Ginger Ale o Ginger Beer, ambas a partir de 3 tipos de jengibre -Cochin, Nigeria y Costa de Marfil-. Si el camarero no la tiene, agárrale por el cuello: que no te prive de paladear en tu nueva postura de antropólogo que se va de bares.

Tónicas botánicas de Schweppes

Escoltadas por Elena Arzak y Javier de las Muelas, vienen en varias presentaciones en un botellín estilizado que recuerda los más de 225 años de la casa: Pimienta Rosa -dulce, cítrica, poco picante-; la de Azahar & Lavanda -aromática y perfumada-, o la de Ginger & Cardamomo -esencias chinas y nepalíes en una sola botella-. No en vano Schweppes es la tónica mejor posicionada, y ahora viene en especialidades para los más finolis.

Plan Top

Suena a ‘plantón’, a abandono, a cuernos. Sólo en el sonido. Este energizante está llamado a desbancar a los que ya tienen el imperio de las bebidas que te enganchan hasta media mañana. Su mejor promesa: no llevan taurina, ese aminoácido demonizado. Tampoco glucuronolactona, carbohidrato del que se dice fue una droga de diseño para levantar el alma y el cuerpo de los soldados americanos, además de cancerígeno (aún no demostrado).

Blandiendo tu copita con Plan Top recibirás la descarga precisa de guaraná, ginseng y shizandra para seguir bailando y flirteando, sin que se te salga el corazón del pecho.

De momento, mientras esperamos en la barra a que nos terminen el cóctel, cruzamos los dedos para que ni Carmen de Mairena ni Donatella Versace deban sus bellezas a los poderes benéficos del gintonic.

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