
Como todo rebaño, cada día, una ducha de lluvia ácida nos llueve desde la televisión. Salimos a la calle, y nos encontramos con las prisas, el desespero por burlar los semáforos (no importa el medio, sino el fin), el llegar en metro, bus, bicis, adonde sea. Allí nos aguarda la santa sepultura de cada día, el mandato dictatorial del jefe, sus vejaciones, sonrisas crispadas, su vergüenza. Nuestra sumisión y aquiescencia. Nuestra colita tras el tejano o la falda.

Salimos a la rutina del café. A dejar en la esquina ese euro predestinado a la compañía de los otros que, como tú, saltan el mínimo obstáculo de sus penas disimulando con cualquier cosa insustancial con que marear en la conversación. No importa qué, si Gran Hermano o el robo en el Palau de la Música por un egregio servidor público que se zampa 3 millones de los de verdad. La cara de perplejidad y hastío de los camareros, que veremos reduplicada a la salida, de nuevo en el metro, en el bus, o en las bicis o coches que nos pasan cepillándonos, saltándose una vez más los semáforos.
Eso es la modernidad. La confusión, el caos, la lectura compleja de acontecimientos triviales que se convierten en monumentos de lo público gracias a Berlusconi y sus colegas (larga lista), o los hechos que de verdad deberían importarnos, pero que se han ido por el barranco a donde desagüa el lavamanos. No tenemos memoria. Quién se acuerda de Bin Laden, pero tenemos presente a Obama. Quién de que hay un golpe atroz contra la democracia en Tegucigalpa. No, es más importante el rostro ojerizo y el desparpajo inocente de Belén Esteban.

Lo mejor como complemento a todo este panorama, que no es fácil deshacerse como sí lo es una cáscara de plátano que arrojamos antes de que pase ése que nos sigue y a quien odiamos, es sumergirse, aunque sea durante una hora, en los predios del MACBA y su expo Modernologies. Será como un baño de lavanda. Ver cómo las normas, lo políticamente correcto, las cosas, su existencia, llegan a ser más importantes que nosotros mismos.
No somos lo que comemos. Algo nos come. No somos.
Modernologies, comisariada por Sabine Breitwieser
Hasta el 17 de enero de 2010
MACBA
Plaça del Ángels 1, Barcelona
www.macba.cat
Tags: Domènec, Isa Genzken, MACBA, Modernologies, Sabine Breitwieser

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