
Por varias razones, Jing tiene un mundo sorprendente. Seres que contemplas con morbo, invenciones con las que una joven y gran artista es capaz de sonsacarnos. Aunque nació en la China, creció al norte de California. Estudió en ese gran laboratorio que es la Rhode Island School of Design. De allí, de sus raíces, del consumismo que sin embargo permite el más completo vuelo por mundos fantásticos, llenos de seres y situaciones con que alucinas, nació esta carrera a la que aguarda mucho, pero mucho por delante. Por debajo y por arriba del árbol que ha tenido como su residencia. Como las ardillas a las que dibuja; o los enanitos que podan los pinos navideños.

¿Realmente vives entre las ramas de un árbol, o es una metáfora?
¿Lo leíste en alguna parte? Me gusta pensar que he vivido en el interior de un árbol. La habitación donde vivo es básicamente un cubículo con largas ventanas pero sin puertas, al que sólo accedo por una pequeña escalera. Pero actualmente me he mudado a un nuevo apartamento este mes. Por ello, ¡debería actualizar mi biografía antes de que más gente se confunda!
¿Qué hacías antes? ¿Cómo llegó el mundo de las artes visuales, de la ilustración?
Es gracioso, porque nadie en mi familia había perseguido ni comprado nunca nada de artes plásticas, y no crecí entre artistas. Pero desde que tengo memoria, estoy haciendo bocetos y dibujos. Eventualmente, traté de que éste fuera el camino que buscaba (aunque en mi verdadero sueño de niña era ser crítica de cocina). La ilustración, por sí misma, me llamaba, porque disfruto de los límites que establece y de la libertad que permite. Me encanta el desafío visual al interpretar una historia o un objeto en una forma clara aunque personal. La mayor parte del tiempo estoy pensando, “¿Cómo puedo meter cualquier clase de animal sonriente en este cuadro?”
Tus obras me encantan por el mundo de fábula que inventas, como si fueran realidades paralelas. Por ejemplo, animales con objetos creados por el hombre…
Gracias. Pienso que pongo juntos esos mundos y escenarios extraños porque secretamente espero que exitan en alguna parte, en el mundo real. Muchas veces, el concepto me viene de una sensación que estoy intentando evocar. Es a menudo una sensación de felicidad o de curiosidad, a través de la que confío en la suspensión de la realidad y el poder abrazar lo absurdo.
O la humanización de animales o cosas: el cerdito cocinero (¿envuelto en spaguetti?), huesos que montan bicis, árboles con altavoces…
Sí. Tiendo a personificar objetos al azar. Todo me parece mejor si tiene un rostro, una indicación de lo que puede ser que piense o que dé pistas de qué día está teniendo. En realidad, el “cerdo que cocina, rodeado en spaghetti” está envuelto en un montón de carne picada que usa un cerdo que es chef, con sombrero y todo.
¿Y la familia de focas, o el hombre enano que ofrece bellotas a una ardilla gigante?
El retrato de las focas es un tributo a shows que he visto y que han tenido más de una influencia en mis dibujos peculiares, debo admitir. Mucha gente supone que es por nostalgia, creo. Y la situación del enano y la ardilla gigante es apenas un ejemplo de las relaciones de buena vecindad, que ya han pasado de moda.

¿Qué prefieres, el color o el blanco y negro?
Difícil de decir. Me he familiarizado mucho con los procesos de imprimir en colores, pero quisiera hacer más cosas en blanco y negro. Me es complicado simplificar un dibujo y reducirlo a una imagen en blanco y negro, porque es algo que veo muy en serio.
¿Dónde sitúas tu obra dentro del panorama de las artes visuales a nivel internacional?
Desearía tener maneras más profundas para describir mi trabajo. ¡O ninguna! En definitiva, todavía estoy intentando imaginarlo. En términos de ilustración, hay muchas cosas que estoy aprendiendo sólo por experiencia. Aunque existirán grandes obstáculos siempre, siento como que estoy más cómoda cuando abordo cada nueva pieza. Pero en términos personales, espero conservar los elementos de base de estos “mundos fantásticos” y ampliarlos lo mejor que pueda, a medida de que mi trabajo va creciendo.
El electropop más molón: Hexes and Ohs
Barcemoda: The Brandery et al
Estevan Oriol: ésto va de culos
Camisa: ciudades
Concurso My Buffer Guest - Helle Thomassen
Zambano tira a Isa por la ventana
Las marismas o cómo hacer que los genes sean gore