Sobrevivir en Delishop

Tengo serias dudas sobre el sentido común de mis coleguillas. No se puede mantener una charla coherente con muchos de estos golfos, sin que salga a flote el programita de la tele de Berlusconi, donde hay que ver y oir cada barbaridades. La última que me golpeó bajo fue el enfrentamiento entre dos de las concursantes, donde se hablaba de su rivalidad para comerse una de ellas los peces que habían conseguido para saciar la hambruna de todos. Ésto sobrepasa los regímenes alimentarios. Más que la pugna para llevarse a la boca una raíz o una alimaña con muchas patas y pelos, la verdadera esencia de este vertedero en pantalla, es la antropofagia.

Mientras trato de escurrirme de este dramón, lo hago justamente con la excusa de ir a por algo a la nevera. Tras horas de pesada avalancha, de transexualismo descubierto, del trastorno desaforado de Víctor Sandoval, no queda otra que hacerse bulímico. Comer y comer, sólo por escapar de tanto loco y tanta loca arrebatá.

La mejor elección, ahora mismo, cuando la cuenta del banco anda practicando bungee jumping, es encontrar el lugar ideal. La suerte es que su última apertura, me queda al doblar de casa. Con un diseño muy majete, donde el código de barras es la etiqueta toda, Delishop, experimento iniciado como un riesgo familiar hace poquísimos años, ha encontrado su sitio entre los que, como yo, somos sólo de freir patatas congeladas con un huevo por encima. Aunque es sabrosa esa mezcla de colesterol y triglicéridos, si nos ponen algo más sano, sin que tengamos que levantar mucho el trasero para zampárnoslo, lo agradecemos con una explosión de besos y abrazos. Delishop lo permite, por oferta y precios. Me explico mejor.

Los fundadores, Mónica Navarro y Ricky Mandle, se han ido a los espacios donde originalmente nacieron las recetas. Así, fueron haciendo una extensa gama de 300 productos propios, hechos en las fábricas locales allí donde estén, para que podamos meter el dedito mientras nuestros amigos se atragantan con la tele: mermeladas, crema de aceto balsamico, pesto verde y rojo, patés de cebolla boretanna o de tomates secos. Aparte de las 4 tiendas propias en Barcelona, ya están desde Colette en París, hasta Escandinavia o Europa del Norte, y sigue contando.

Su último espacio, ése de cerca de casa, en el Passeig de Sant Joan, decidieron glorificarlo bajo el nombre de Delishop World. Una suerte de emporio rebosante de delicatesses a precios de risa. Mi preferido, el paté de olivas negras aragonesas, por menos de lo que te sale un paquete de tabaco, escoltado por un limoncello helado. Además, quien sabe si podrás hasta ligar. No porque el amor entre por la cocina; no. Eso es un gilipollez trasnochada. Pero sí porque es de gente cool el saber preparar platos exóticos; y allí hay un pool de grandes cocineros que te enseñan a hacerlos. Entre explicación y explicación, una sonrisita con el de al lado, y ya verás. Así escapas de Aída Nízar y compañía. Literalmente, sobrevives.

Delishop Sant Joan
Pass. Sant Joan 13
Los demás establecimientos, horarios  y talleres de cocina, en www.delishop.es

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Un comentario

  1. Enhorabuena, me entró hambre de leer tu reportaje

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