
Para los adictos, nada más efectivo que tener pastillas a mano. El recorrido químico que hacen los componentes de una píldora, roen nuestro organismo, y nos mandan a la cama, a la fiesta, o al cielo. Y no hago referencia a ejemplos recientes, por temor a un abucheo generalizado. Sin embargo, algunas empresas, no precisamente farmacológicas -esos imperios que viven de nuestras neurosis y resfriados- encuentran en la forma balística de la cápsula una nueva manera de empacar -algunos caramelos, por ej.,- o una marca netamente catalana que se abriga bajo el nombre de Vicelona. Jordi Muñoz, su creador, responde a mis preguntas, mientras yo me devano los sesos pensando por qué esófago cabran sus camisetas en esas píldoras plásticas de 25 cms de largo por 9 de ancho.