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Sep 09

Vanessa Linares, entre la antro y la zoomorfia


Cuando me hablaron de ella la primera vez, un amigo sabueso de cuanto se mueve por ahí y que valga la pena, me dijo, en 8 palabras: “se trata de la chica que pinta caritas”. Vaya, que no sea una maquilladora sin haber terminado estudios, y que difumine con sus dedos los pigmentos por los rostros de quienes hacen de payasitas en los hospitales y fiestas.

Pues Vanessa Linares me sorprendió. Ella y su imaginario. Más allá de que, es cierto, se detenga a hacer miles, millones de caras, tiene un mundo creativo sorprendente. Seres. Eso es lo que representa. Sin importar su categoría en este mundo, o submundo en que vivimos. Sin hacer caso alguno al género en que habiten: sean una mozambiqueña, un moldavo, un conejo o un tejón. Terminé fascinado con su universo antro y zoomórfico. Gracias a que su calidad plástica no la redujo ni a maquillar actores de retablo ni a ilustrar libros del cole. Y corrí a pedirle cuentas…

¿Qué caminos llevaron a Vanessa Linares al mundo de la pintura, el diseño y la ilustración?
Desde pequeña dibujaba bastante. Quería hacer biología porque me gustan mucho los animalillos y el bosque, pero entre que las mates no se me daban nada bien y me tocó un profe de dibujo en el instituto que me pareció genial y me animó a pintar y pensar más rebeldemente aún, decidí hacer la carrera de Bellas Artes. La mejor carrera, sin duda. No es que aprendiera muchísimo de las clases pero sí de la gente.

Dí con amigos muy listos y creativos, me metí en diseño gráfico porque al menos tendría un oficio y porque me gusta tanto como pintar y dibujar. Ahora intento mantener siempre un equilibrio entre exposiciones, interactivos, ilustración, murales, diseño gráfico en general. Son actividades que se comunican y se retroalimentan y así. como soy dispersa, no se nota tanto.

¿Cuál sería tu orden de preferencia en estas tres disciplinas que mencionamos antes?
Pues me gusta mucho dibujar con anilinas porque es un desahogo rápido. También pintar en grande con acrílico y óleo. Pero si estoy mucho pintando echo de menos el ordenador, el diseño gráfico por encargo, crear un proyecto partiendo de unas pocas pautas. En la pintura hago lo que quiero. En diseño gráfico intento también hacerlo. pero convenciendo al cliente, es más un reto.

Tu obra tiene una peculiaridad que no pasa inadvertida a nadie: la proliferación de caras. Dicen que el rostro es el espacio privilegiado de cualquier ser humano. ¿Es así? ¿Por qué más caras que objetos inanimados, por ejemplo?
No dibujo muy bien. Tampoco me mato. Busco transmitir preguntas, estados de ánimo, cosas que pienso, rectificaciones internas, impulsos. Entonces un objeto inanimado si no es porque lo he personificado con unos ojitos o una boca, no me sirve. De ahí que me salgan caras y más caras. Lo que digo de que no sé dibujar demasiado bien es porque me gusta el dibujo espontáneo y si me dices dibuja una moto, pues tengo que pensar mucho y ya te digo que no me es fácil. Tengo que mirar y entonces el referente ya no es tan interno y expresivo.

Hay mensajes sociales en algunas de tus colaboraciones para medios impresos y hasta en tus pinturas y dibujos. ¿Es necesaria esa cuota moral en el artista?
Vaya preguntita. Cuota moral… no sé. Supongo que tengo la mía, pero la reviso bastante e intento aceptar la moral de los demás, aunque no esté de acuerdo. Como cualquiera en su día a día, en mis trabajos aprovecho para expresar las cosas que voy aprendiendo, lo que pienso. Intento conectar con lo más básico de las personas, hablar de lo que nos une más de lo que nos separa, los lugares comunes. Creo que en todo lo que hacemos en general existe esa cuota moral o de sentido común que nos ayuda a ser más solidarios y más felices.

¿Cuál es el día a día de Vanessa? ¿Cuánto de las horas de una jornada cualquiera la pasas en el taller?
Ya estamos en septiembre y todo mi ser pide seguir de vacaciones para siempre, jaja. No sé; hay días que me paso cuatro horas pintando y luego un par al ordenador o al revés, casi nunca trabajo 8 horas, pero pienso en lo que hago más rato del que me pongo. Lo de la autodisciplina y los horarios nunca se me ha dado muy bien y ahora intento no exigirme ni sentirme culpable por eso. Tampoco necesito mucho dinero para vivir, así que la jornada viene dada por los proyectos que lleve entre manos. Tampoco dibujo siempre en el taller, me voy a casa de amigos y familiares a menudo a dibujar, o incluso el metro o un bar mientras charlo con un amigo son buenos sitios para dibujar.

¿Podremos ver tu obra de cerca en meses venideros?
Sí, tengo el estudio en casa y me gusta que la gente pueda venir a visitarlo. Ahora preparo cuadros para la galería Barnadas de Barcelona, para una feria en Estrasburgo en noviembre y para el Hipermercart de Vinçon en navidad. También  hay cuadros míos en galerías de Barcelona, en Jordi Barnadas, en Sàfia, Espai B, La Siesta y la galería Siart de Cadaquès y en  El Fons d’Art de Olot.

Para una chica, ¿es fácil abrirse paso en una profesión siempre dominada por hombres?
Pues creo que es más o menos igual para hombres y mujeres. No he tenido nunca esa sensación de mayor dificultad por ser mujer en las galerías que conozco. En otros trabajos se nota mucho más y  supongo que a niveles más altos del mercado del arte la cosa cambia, porque es verdad que hay más artistas hombres reconocidos. Poco a poco.

www.vanessalinares.com