
Divide et impera. Divide y vencerás. Frase del César. En Barcelona decidimos unir. El que mucho abarca poco aprieta. Aquí decidimos abarcar. Bis dat qui cito dat. Quien da primero, da dos veces. Y nosotros dimos segundo.
Más allá de todos los comentarios que las decenas de miles de seres emitimos en la pasada semana, la gran plataforma de la señora Moda en la capital catalana, aún cuando tuviésemos pronósticos que marcasen nuestras limitaciones, Barcelona movió de manera masiva a casi todo el que tiene algo que decir o que se expresa a través de este lenguaje más serio que chiflado; más espiritual que fatuo; más intelectual que anodino.

Mi primera expresión al visitar uno de los pabellones de The Brandery fue de nostalgia, más que de lástima. Al ver que todo se animaba, que llegaba más gente, que había marcas negociando, pasó la intranquilidad. Ésto, llámese como se llame -fiesta, feria, barahúnda, colmado, flea market, aquelarre, tinglado, carpa o celebración- depende de todos los que tenemos algo que ver con esta industria de fuerza descomunal, muchas veces infravalorada por quienes deben de catapultarla y obsequiarla. Mimarla, porque Barcelona se dice “ciudad del diseño”, y no pocos nombres han llegado lejos en lo que a indumentaria se refiere.
Soltamos chispas cada vez que nos viene una de esas lenguas viperinas - que más bien harían si se les reclutara para brigadas de limpieza del ayuntamiento, que destilando veneno por desidia y gilipollez- con un comentario libertino. Para criticar hay que tener arte, y a esos les falta.

A mejorar:
En el 080:
- la programación y puntualidad de los desfiles. ¿Qué hacer entre uno y otro, con hora y medio por medio, si no chuparse toda la barra de la zona VIP?
- la organización de los invitados del público, y que se permita trabajar a los periodistas, sobre todo a los gráficos y televisoras, con movilidad,
- pobre fiesta de apertura. Muchos teníamos que correr desde el Palau de los Congresos, donde se daba el convite de The Brandery, hasta una discoteca que es mejor ni mencionar, y cuando llegabas a la puerta, aunque fueras el más vip de los vips, pagar hasta el agua.


En The Brandery:
- muy deficiente la zona de tapas: de la carta, más de la mitad se había esfumado a la hora de la comida. Aceptable la Trattoria. Excelente atención en la zona VIP del Laundry.
- no se trata de hacer blanca o de llenar banderolas con el logo de cualquiera que se ofrezca de sponsor. Había un ticket de regalo para probar los Lancia Delta. La azafata, responsable, coordinadora, o lo que sea, que daba la cara por la marca, me dijo que ella estaba allí de adorno, pues no tenía las llaves de los dos coches a su costado, y no sabía por dónde se encontraba el conductor del único ejemplar de prueba disponible. Envío un guiño al fabricante y a su agencia de comunicación para que tome nota de esa perlita.
- la bolsonería. Bread and Butter dejó la mala costumbre de hacernos marujas a todos, cargados como calamares de bolsas. Si quieres que tu marca perdure, cúrratelo como Sita Murt (que obsequiaba un maletín o Privata con paraguas de diseño). Un propietario judío de lo más molón me llegó a decir que a él no le interesaba que la prensa hablase de su marca. Vamos, en la Edad Media.


Modafad aparte. La experiencia de menos presupuesto, más modesta. Pero decente. El que a buen árbol se arrima… y Moritz siempre es un buen tronco. Además la calle Moncada y el edificio del DHUB fueron la pasarela insólita pero ideal.

El tiempo pasa. Ya está aquí la edición del verano. Si de algo sirve tomar nota, mejor para la moda. Que luzca y no sean los harapos de la Cenicienta. Ni el carruaje un espanto de calabaza deshidratada.


