Tóxicamente Inocuo

Como el tema ‘graffiti’ está caliente, desde quienes lo echan en el olvido, los que lo creen prostituido, los que piensan que al salir de la clandestinidad aupado por las grandes marcas de consumo urbano ya ha perdido todo el terreno y agallas con que salió a la luz en los ’60, hasta los que creen que el movimiento está plagado de advenedizos, hacerle una encerrona a uno de los grandes en Barcelona, en una galería, es un ejercicio de toxicidad. Sobre todo, tratándose de Inocuo.

¿Por qué Inocuo?
Es el seudónimo que me puse con 14 años, cuando comencé a pìntar sin tener mucha idea de a qué me iba a dedicar. Fue una iniciativa personal. No conocía mucho la cultura del graffiti. Me puse ese nombre y eso me ayudó en mis inicios. Poco a poco fuí entrando en el graffiti, y todo aquello que aprendí fueron impactos que me ayudaron con los años a montar mi estudio de diseño. Apliqué y saqué de contexto lo que es la estética del graffiti a la tipografía, la caligrafía, el diseño gráfico. Hacer el mismo estilo en diferentes formatos.

Cuando comenzó tu andar como ‘Inocuo’, ¿ya tenías técnicas, estudios?
Bueno, pintaba. No tenía las técnicas que tengo ahora. Con 16 años entré en la Escola Massana, la escuela de artes y oficios de Barcelona. Entré por el simple hecho de que me gustaba dibujar letras, sin conocer mucho más. Entonces entendí que todo tenía relación, y terminé convencido de que me quería dedicar a eso.

Me parece una canallada que te llames Inocuo, cuando tu obra es todo, menos inofensiva
Al mismo tiempo que hay palabras muy fuertes sobre materiales muy frágiles. Sandeces son trozos extraídos de los años ’50, referidas a Barcelona, porque yo pertenezco a esta ciudad. Cuando era joven y me movía por aquí, era una Barcelona con un trasfondo que nunca te quieren vender ni enseñar. Una Barcelona mucho más oscura y siniestra de lo que parece. Al igual que mis impactos gráficos tampoco son inocuos: el hecho de que pintas con plata, y pintas trenes, no es nada inocuo.

Pegando mucho mis ojos a cada pieza, he visto cosas que no se ven, pero que están ahí. Subliminales
Sí, lo hay y mucho. Hay mucho sexo porque básicamente trabajo en un mundo de publicidad y comerciales. Es una metáfora al hecho de venderte como artista, eres una prostituta, tienes un precio, y tú decides hasta dónde quieres llegar. Cuando tu vida forma parte del trabajo, el trabajo empieza a eliminar cosas de tu vida, por lo que necesitas sacar cosas como éstas. Aquí no hay nada comercial, pero es un autoencargo, que puede ser mejor o peor. En este caso es un proyecto para sacar también cosas de tí. La dualidad entre arte y prostitución no quiere decir que mi vida sea oscura y que me vaya de putas, sino que mi vida está rodeada de putas y chulos.

Háblame de las técnicas y materiales que has utilizado aquí
Cerámica. Son transfers y pinturas al tercer fuego sobre cerámica.

¿Y el tema?
Sandeces. Mi abuela cada vez que me veía dibujar me decía: “Eso son sandeces”. Pero la sandez también tiene mucha similitud con la simplicidad. Volver a los orígenes.

La pregunta del millón: ¿has abandonado la calle para saltar a las galerías?
Nunca he abandonado la calle. Se juzga mucho el tema del graffiti que esté vinculado a una acción. Por supuesto que eso lo necesitas para incentivarte y salir a la calle para trabajar con pasión. Pero la actitud del graffitero es más importante que la propia obra. Salir y hacer. Eso lo mantienes siempre. Ahora, que algunas veces los amigos me digan, ‘venga, vamos a hacer una pieza ahora mismo’, y llevamos latas y pintamos. Lo que pasa es que ya no hay esa actividad enfermiza de cuando empiezas, que es no dejar nunca de pintar. La calle me enseñó a ponerme frente a una pared a trabajar, delante de 200 ó 3000 personas. Da igual a quien tenga detrás. Eso te hace fuerte, porque has vivido pintando y mirando si viene la poli.

Sandeces
Hasta el 31 de mayo
Montana Gallery
Comerç 8, Barcelona

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