Un ermitaño genial

Refunfuñón, Andrew Whittaker se pasa los días refugiándose en un viejo caserón, abrumado de deudas, con una mujer que le abandonó, una madre atada en la cama de un geriátrico creyéndose una chavala, inquilinos que no le pagan, acreedores como los del teléfono, que vienen siempre a por él.

Lo singular es que Whittaker es editor. Y como su revista literaria se ha convertido en un esperpento, en algo que no puede seguir saliendo a la luz, su furor creativo se evacua escribiendo cartas a todo el que tenga en mente. A los que no puede pagarle, a su ex para que no le siga pidiendo la renta mensual, a los inquilinos que se quejan de que les cae el techo en la cabeza, a viejos excondiscípulos que hoy día son más brillantes que él, para que le acompañen en un Festival de poesía irrealizable, al director del geriátrico, a la hermana con la que se da de hostias en la distancia.

Otros textos completan este discurso neurótico, pero fluido: negativas a escritores novatos que queren publicar en ‘Soap, A Journal of the Arts’, la lista de la compra, sus interpretaciones acerca del ai-ai,  una especie de perezoso del que se documenta en una destartalada enciclopedia, textos apócrifos que firma con nombres de inexistentes admiradores, clasificados para alquilar los apartamentos que los ocupantes le van despreciando.

Tratado de la injuria y del desespero, Sam Savage logra con su personaje una novela divertida, aunque descanse en el insulto y la ironía. De todas maneras, estas expresiones son las más difíciles de lograr. El desparpajo genial sale como chispas en cada lamento, en cada delirio.

Sam Savage, El lamento del perezoso (The Cry of the Sloth: A Complete Account)
Barcelona, Seix Barral, 2009
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